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martes, 10 de noviembre de 2009

Referencias de escritores


Porque necesito saber qué es

¿Qué referencias podría dar yo de mi admirado amigo Febade?¿Febade, me preguntáis? Sí, os contesto. Febade Simón Svidrigáilov. Le conocí leyendo, y leyendo le admiré. Ahora ya, después de tantas lecturas le tengo un gran aprecio y cariño, pero… aún no logré descifrar la incógnita que me ata a la duda. ¿Qué es en realidad? A veces pienso que es un buen escritor, pero cuando entro en su blog y le leo: ¿Cómo se produce un sentimiento? O ¿Conformismo? Pienso: “He aquí a un psicólogo con piel de aprendiz de brujo. Otras, leyendo: El nombre secreto de Dios o Jerusalén; más, Isis... se me vienen abajo mis esquemas y surge de nuevo mi pregunta: ¿Qué es Febade? ¿Será un teólogo? Pero su juventud me desconcierta. Ya estoy a punto de contestarme esa duda cuando vuelvo a su blog y leo: Virginia Woolf, Filosofía Nietzsche o Unamuno, me quedo unos segundos con la mirada fija en el infinito y exclamo satisfecho: ¡No, pobre Incongruente, es filósofo!
¡Es filósofo sí, y lo proclamo a los seis vientos!
No sé, siguen las dudas recorriendo mis venas, montadas sobre los glóbulos blancos de mi sangre. Algunos se acercan a mi centro neurálgico y contemplando la deplorable visión de las dos únicas neuronas que aún pueden ser así llamadas, las organizan, las hacen pensar y el resultado os lo escribo.
Por favor, no intentéis entender lo que antes he escrito; sencillamente id a su blog, leedle y disfrutad de su lectura. Os surgirán dudas, como a mí, pero puede que él mismo, en algún artículo posterior os las aclare.
Aquí os pongo su link del blog, conocido en la blogosfera como
AL ENCUENTRO DEL ESCRITOR: http://febade.blogspot.com/

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Referencias de escritores


Por derecho propio


Hoy leí un artículo de una amiga, virtual solamente, que qué más quisiera yo tener el honor y el privilegio de ser su amigo en persona, donde pretende explicar a sus lectores de donde proviene el exotismo de su rostro y la belleza de su literatura. Nos habla de haber nacido y vivido entre dos aguas. Os recomiendo que lo leáis; es más, os recomiendo que la leáis toda ella, pues, aparte de sus artículos en el blog, también sus libros incitan a la lectura. La podéis conocer en este link:
http://blancamiosiysumundo.blogspot.com/
¿Por qué esta referencia en mi blog? Porque lo merece, porque creo tiene una forma de escribir que atrapa al lector, le lava el cerebro y luego juega con él, en el buen sentido se entiende. Porque tiene facilidad de palabra, porque enlaza sus ideas con hilos invisibles y como a una marioneta, va moviendo al lector, haciéndole reír, llorar, pensar. Sí, así mueve su pluma, con la destreza con la que la brisa mueve las hojas de los árboles en los otoños eternos de mi tierra.
No nos conocemos, no creáis, solo nos leemos; buenooo, yo la leo a ella y ella me lo agradece. Eso sí, cuando su agradecimiento es con una mirada de esos ojos semicerrados para ver entre dos aguas, yo me estremezco de ilusión y sueño con su amistad, pero cuando su agradecimiento, como a otros amigos suyos que lo merecen, son con palabras escritas, como a su amiga Arlette, o a su “desconocido” amigo Alberto Vazquez Figueroa, entonces yo me imagino levitando sobre los mortales, mirando hacia el infinito y pensando “¿hay algo más grande, quizás?”, luego me duermo lentamente en los brazos de la vanidad.
Sí, así es y así escribe Blanca. Leedla, me lo agradeceréis siempre.

martes, 29 de septiembre de 2009

Alejandro Magno



ESKANDAR E MAQDUNI


“Me leo escrito en la historia y unas veces río, otras lloro, las más la sorpresa me abruma, pero nunca me invade la indiferencia.”

“¡Alejandro sí, tercero Argéadas, rey de Macedonia, por heredad directa de Filipo y aun en contra de su voluntad, pero eso la historia lo oculta, o quizás lo desconoce; mejor, inmacular la cuna me engrandece aun mas.”

“Hablan de mis maestros como posibles forjadores de mi personalidad. ¡Historiadores ciegos, mirar sin saber que ven!. Leónidas I El Tétrico, de lamentables recuerdos. Lisímaco o el buen Aquiles; este no estuvo mal, aunque para mis aspiraciones militares en poco me pudo ayudar. No fue así con Aristóteles, sabio donde los haya, frío e inteligente, savia de la que absorber conocimientos y fuerzas que luego me dieron poder. Si, un buen maestro, pero el único que hizo nido en el fondo de mi ser fue el mas denostado, despreciado por las plumas de los que creen entender; ¡sí, ella, una princesa, épira entre macedonios, Olimpia, mi madre, una mujer!. De ella recibí belleza, inteligencia y saber, la tierra fuerte y fructífera que los otros, los maestros, cultivaron buscando los frutos que me dieron el carácter, el poder.”

“También escriben de mis debilidades, sexuales y ególatras; ¡cuanta estupidez!. El bueno de Efestión, fiel donde jamás lo vierais, valiente, ágil y cruel; frío como su espada y amigo hasta la muerte. Homosexual me definen algunos, ambivalente los más y los menos heterosexual. Yo no puedo entender que personas tan estudiosas comentan error tan cruel. Olvidan la Macedonia en la que nací, costumbres, ambientes y, sobre todo, olvidan que yo era el Rey, el General al mando, el Poder. Y como tal, no porque yo pensara que era superior a ellos, sino porque en un ejército de hombres, conviviendo siempre entre hombres, largas campañas aislados, el Poder no solo estaba por encima del ejército, tenía que demostrarlo y así tuve que hacerlo. ¿El sexo? Ja, ja; meses sin pensar en él. Era un simple complemento a una dura batalla, a un extensa jornada. ¡El sexo, qué estupidez! Preguntad a Eumenes, el me supo entender””

“¿Y la soberbia? Es cierto que nací bello, alto y fuerte como un dios pero, de ahí a pensarlo… ¡Estúpidos historiadores otra vez, como siempre, mirando sin ver!. ¿Quién, en aquellas épocas, sometiendo las insurrecciones de Tracia, Tesalia, Tebas, Atenas, en fin, toda la Grecia, conquistando la Gran Persia, la fenicia, Tiro y al fin Egipto, se podría resistir a convertirse en dios ante los mundanos ojos de vencedores y vencidos?. Los unos, los vencedores, porque necesitaban ver en mi algo divino, algo superior a lo humano; en ello basaba mi fuerza, mi poder. Los otros, los ya vencidos, los que otros conquistadores mataban o menospreciaban, yo los unía a mis fuerzas haciéndome cada vez mayor, mas temido, mas temible. ¿De qué vale un hombre vencido y ultrajado? Pero si lo enalteces dándole confianza y poder, siempre será tu escudero, tu aliado; siempre te verá como a un ser superior y, esa superioridad yo tenía que demostrarla. ¿Siendo hijo de un dios. Amón Ra, por qué no?”

“Pero no todo fueron prebendas, ni alegrías, ni festejos; también tuve que llorar y pasar amargos momentos de duda y debilidad. Nadie como yo sabe el dolor de tener que matar, buscando el valor en el vino, al mejor amigo que tuve, mi buen Negro, Clito que jamás me falló. Pero allá en Persia, al aplicar la ley proskynesis, él no lo supo entender y un rey nunca permitirá que uno de sus súbditos, por muy amigo que fuere, le faltase al respeto delante de los demás. Tuve que hacerlo y lo hice, ante todos, para demostrar al imperio que por encima de la amistad, del amor, de los sentimientos, está y estará el poder.”

“Ya veis que injusta es la historia haciendo de mi una leyenda cuando solo fui un hombre que luchó por un sueño, hacer un único imperio de mil ciudades estado que nunca llegarían a ser”

sábado, 5 de julio de 2008

LA POSGUERRA



He leído tanto en mi vida sobre la postguerra, que se me han encallecido los lagrimales de los ojos, no de llorar, que no me mueven esos sentimientos, si no de enjugar sus iris para poder seguir leyendo. Nunca me importó el pensamiento político de quien escribía, sino lo que quería transmitirme. Y ahora os leo a vosotros, en ese limpio y sincero recorrido por vuestros recuerdos, obviando todo aquello que en nuestros juveniles cerebros no tuvo cabida y, sonriendo, con mis lagrimales a punto de reventar por aguantar, “como macho y hombre que soy”, esa pequeña y rebelde gota de añoranza que intenta salir de mi emocionado corazón.

Viví aquellos tiempos, como tantos otros y, cuando cansado de la tensión diaria en la que libre y voluntariamente me he inmerso, me recluyo en mi rincón, alejado de todo, a oscuras y en silencio, recapacitando sobre lo vivido y hecho, y reconozco que de aquellos tiempos solo me vienen a la memoria bellos recuerdos; más que bellos, los mejores momentos. Ahora me los hacéis rememorar y os lo agradezco. Vuestro escribir, vuestro comentar, vuestra ilusión por seguir adelante, vuestros pequeños triunfos, vuestros sueños. Unas veces, reflejados en una esquina semioculta de alguna buena narración, otras, comentando a otro escribidor o, simplemente, escribiéndolo; que no os duelen prendas para largar sentimientos y leerlos es manjar de pocos, yo, entre ellos.

¡Claro que tengo recuerdos, tantos, que llenaría siglos de historia al revivirlos!. El problema es el tiempo. Pero algo me viene al pronto, los babis, por ejemplo, aquellos uniformes grises que cubrían nuestros cuerpos. ¡Cómo no recordarlos, siempre llenos de tiza, de tinta negra, de barro del patio del colegio!. Y en un bolsillo el plumier, en el otro la “perra gorda” (un décimo de peseta) para comprar el pan de higo, o el polvito de algarroba, porque a la manzana clavada en un palo y cubierta de caramelo no llegaba mi sueldo. Zapatos con suelas de goma, el gorila, la cartera y la cabeza llena de ansias de comerme el mundo entero.

¡Qué buenos tiempos. No me lo estropearán otros, aun por mucho que lo intenten, los nuestros fueron mejores, mucho mejores.! ¡Creo que, para los que los vivimos, nunca habrá mejores tiempos!.

miércoles, 23 de abril de 2008

DIAS DE SOL



Días de sol pasean por las playas de mi tierra, calentando arena y agua, como en las calendas de agosto; quizás un poco menos. A ratos, cuando alguna simpática nube algo subida de peso, paseando sus voluptuosas formas se cruza por medio, se llega a sentir el fresco, que del mar sopla la brisa y la agradece el cuerpo. Y con el día a mi espalda, pasean el día, las olas del mar, las nubes y hasta este pobre viejo; bueno, yo pasear no paseo, yo recapacito, reflexiono y, a veces, hasta pienso.
Descalzo llevo los pies por si las lenguas del mar les da por lamerme los dedos; y se atreven las muy osadas, no crean, aun faltándome al respeto que edad, bueno, casi como el mar tengo.
Sí, es bonito pasear por las arenas del mar, ya en primavera metidos, viendo al fondo conjuntarse cielo y mar y, aquí en la orilla, viendo las olas, como lenguas lamedoras queriendo besar la luna, subir y caer de nuevo, llena su boca de espuma blanca, de rabia por no conseguir un beso, deslizarse por la orilla escondiendo su vergüenza entre los poros de arena. A veces las ves subir y a la lluvia caer del cielo y en la mitad se saludan como viejos conocidos al volverse a encontrar; unas veces en el mar, otras en el desierto, las menos en montes y valles donde mas se necesitan, para beber, como riego del alimento del cuerpo o, para verlas pasar como ríos de esperanza hacia otros pagos que no tuvieron la suerte de ver llorar al cielo.
Camino despacio, hundiendo los pies en la arena, sabiendo que al volver ya no quedarán huellas de mi deambulante andar que, en el mar, doliente de alzheimer, no ha lugar para recuerdos. El problema, ironías de la vida, es que al volver de mi paseo, mi mente también olvidó lo que pienso. ¿Alzheimer? ¿Despreocupación? ¿Desidia? ¿Aburrimiento?. No lo sé, ni lo sabré, porque cuando ya se ha vivido tanto que los recuerdos no caben en la memoria, la pobre va y se bloquea y, entonces, ni entran nuevas vivencias, ni salen las que están dentro.
Días de tibio sol iluminan mis lentos pasos hasta el horizonte y vuelta. Y en el camino, agua de lluvia y mar, arena húmeda y salitre, aire fresco y poco más; suficientes ingredientes para aliñar las ideas que como un sueño, salen de mi anquilosado cerebro momentáneamente activado por el fuerte olor a vida que desprende el enamorado mar.
¡No pienso que es la tristeza lo que me lleva a escribirlo! Si alguien mirase mi cara, me vería sonriendo porque, la vida con toda su cruel realidad, nunca consiguió entristecer a un hombre que llega a viejo, por edad o por saber, porque los dos se hacen uno en el devenir del tiempo vivido.
Hoy soñaré que fui joven; je je, quizás se cumpla mi sueño.

jueves, 30 de noviembre de 2006

OLIENDO A CAFE Y BLUES


Bajo sus pies las aceras mojadas, quizás de tanto llorar por el paso del tiempo; paso cansino, omiso a todo, la lluvia, la tenue luz, penumbra sobre oscuridad, oculta en las sombras de un silencioso ambiente, invernal, húmedo, eterno.

Y, al margen de las aceras, escondidas entre los alcorques de árboles que siempre fueron, antiguas, como el viejo bar al que dirige sus pasos, farolas de hierro. Luz mortecina y caduca que mal alumbra sus pensamientos.

Entra en el bar, muy despacio, como queriendo no hacerlo. Poca luz, imitando las farolas; como siempre, de humo lleno. Y... como siempre, al fondo, en mesa de mármol y hierro, sentado está su amigo George, tomando un café negro; cerrados sus ojos, disfruta de las notas que, del piano, van surgiendo.

Se sienta sin saludar. No es necesario, el saludo ya fue hecho, hace ya tanto, que ni merece un recuerdo. Pide café, también negro, con unas gotas de brandy. Cierra los ojos y meciéndose al compás del viejo blues, juega también a sueños. Es lugar para añoranzas. Es un lugar de otros tiempos, de tiempos que ya se fueron con tristeza en la mirada. Si pudieran, cualquiera de ellos dos los viviría de nuevo.

Son tiempos de recordar, abrigados por el olor a bourbon y café mezclados, a brandy, a ron añejo, tanto como los pensamientos. Llegan voces de saludos que les sacan de sus sueños. Más humedad añadida al claro-oscuro ambiente del viejo local, que hace acurrucarse a John bajo su denso abrigo. Anne, David, Paul y Tonny, los de siempre, los que acumulan recuerdos que le dan vida a la noche fría, oscura, de invierno. Se sientan noche tras noche a recordar historias de tiempos vividos, en ese añejo bar, sentado con los amigos, añorando todo aquello que pudo ser y no ha sido. Sin tristeza. Con la nostalgia flotando entre notas del piano y el humo de los cigarrillos.

-Yo tomaré un bourbon más.

-Yo un café con brandy dentro.

-Yo.. un gintonic ... con mucho hielo.

-Para mi whisky, por favor. Si es de malta lo prefiero.

-¡Pues, ... yo no sé que tomar!.

¡Anne!. ¿Qué te hace dudar?. Póngale algo ligero, no se vaya a marear. ¿Qué prefieres: dulce o seco?.

Y, entre sonrisas y alcohol; tabaco, música y recuerdos, pasan las horas charlando, dejando sus almas salir de sus embriagados y fríos cuerpos.

Sin planes para el mañana. ¡Aun mañana está muy lejos!. Tararea John el viejo blues. ¡Qué no tendrá el olor de un buen café!. Llena de sueños la noche; abre el alma sin reservas; arranca sonrisas de bocas fruncidas por el frío, el sufrimiento, la dejadez, el hastío, el silencio.

Ya muy de madrugada, se despiden en la puerta de un bar que no tiene nombre, solo tiene olor a añejo y a ellos.

Y aún sigue lloviendo.